La historia de la vacuna y la viruela

2La viruela fue una enfermedad infecciosa causada por el virus variola rex o poxvirus variolae. Se ha visto en el Antiguo Egipto, en momias tan viejas como la XVIII DInastía (1570 aC). El mismo Ramses V (muerto en 1157 aC) parece un colador.

La primer epidemia conocida de viruela fue en 1320 aC, durante las guerras entre el imperio hitita y Egipto. Los prisioneros egipcios contagiaron la enfermedad a los soldados y civiles, hasta que se transformó en una gigantesca mortandad, extendiéndose por todas partes como una maldición. El propio rey hitita, Shubiluliuma I falleció junto a su hijo.

Durante los primeros milenios antes de Cristo, los comerciantes egipcios y levantinos transportaron la enfermedad a tierras remotas, incluída la India, donde se transformó en un flagelo por mas de tres mil años.

Entre el año 165 y el 180, la peste antonina (o peste de Galeno) causaba grandes daños al ejército e imperio romano. Mató a entre tres y siete millones de personas. Durante otra epidemia, en el 540, el obispo Marius de Avenches la bautizó como viruela (que puede venir del latin varius, manchado).

biosafety_level_4La expansión de los imperios árabes, las Cruzadas y la conquista de América continuaron propagando la viruela. En 1368, liquidaba al rey Thadominbya de Birmania. A partir de inicios del siglo XVI, la población nativa americana nunca había estado expuesta a la enfermedad que trajeron los “conquistadores”, y carecía por completo de defensas. En México, cuando los españoles llegaron en 1517, había mas de 10 millones de aztecas. Un siglo después, apenas quedaban poco más de un millon y medio.

Por otra parte, en Europa, la enfermedad fue contraída por reyes y emperadores al igual que por plebeyos y bebés. Entre los personajes notables que la contrayeron se encuentran George Washington, Lincoln, Mozart, Beethoven o Stalin.

A finales del siglo XVIII sólo en Europa morían 400.000 personas al año y un tercio de los sobrevivientes quedaban ciegos a causa de las úlceras en las córneas. De la gente que desarrollaba el mal, la mortalidad era del 20 al 60%, un poco más en los niños. Probablemente haya sido la mayor matadora de niños de la historia de la humanidad.

En la India, a los niños no se les ponía nombre hasta que no la habían superado. La forma de contagio es aérea, hasta una distancia de dos metros, aunque también puede hacerlo por contacto de fluídos corporales u objetos infectados como ropas.

Durante unos días la infección va pasando lentamente de célula en célula. Este período de incubación dura de doce a catorce días, no presenta síntomas y el paciente no contagia.

Pero entonces las células comienzan a reventar, liberando miles de millones de nuevos virus, y la enfermedad comienza a manifestarse. A partir de ese momento comienza la erupción, normalmente por la boca y el paladar, en la forma de manchas llamadas máculas que le dan a la enferemedad ese aspecto característico. Durante esta fase, la persona infectada es extremadamente contagiosa.

Por motivos obvios el virus de la viruela se halla sometido según la normativa actual al nivel de bioseguridad 4, el más alto de todos, junto a otros bichos como el ébola, la fiebre de Lassa o la fiebre hemorrágica congo-crimeana.

No es seguro si fue en India o en China, pero alguien tuvo que observar que si lograbas sobrevivir a la viruela, ya no la pescás de nuevo. Incluso, cuando una persona tenía una versión moderada de la enfermedad que no llegaba a matarla, entonces quedaba protegida para todas las variantes (que son cuatro).

A partir de este dato, en Asia surgen diversas técnicas de variolación, en las que se comenzaba a exponer a la gente a formas “ablandadas” de viruela con la esperanza de que esto impidiera su desarrollo futuro.

Lo que se hacía era raspar las pústulas secas de las víctimas, dejarlas secar por un año en lugar fresco y seco, y luego pulverizarlas a traves de pequeños cortes o -en el caso chino- aspirándolas por la nariz.

Esta variolación resultaba extremadamente peligrosa, pues no había manera de controlar la virulencia del mal (estamos hablando del año 1000 aprox.). En occidente, recién a partir del siglo XVIII comenzaron a aplicar técnicas similares. Se inoculó de esta forma a mucha gente, incluso a las hijas del Príncipe de Gales, en 1722. Seguía siendo terriblemente peligroso, auqnue la tasa de mortalidad era menor que la de la enfermedad misma.

En 1721 se declaró una grave epidemia en Boston. Se presionó a los medios locales para que se hiciera la variolación (que él había aprendido de un esclavo africano), pero no le hicieron caso. El resto de los religiosos se opusieron contra semejante resistencia a la voluntad de Dios. Si, tirando para atras el carro de la evolución, como estila la religión.

Aquí entra en la historia un científico inglés llamado Edward Jenner. Médico rural, tratando pacientes en el agro, observó que las chicas que se dedicaban a ordeñar las vacas solían contraer la llamada viruela bovina, pero rara vez sufrían la viruela de verdad. Supuso que el microorganismo de la viruela bovina inoculaba a estas chicas contra la viruela pesada, y decidió experimentar. Su primera víctima fue el hijo de su jardinero. Jenner tomó algo del pus de las ampollas de las muchachas y se lo inyectó al niño, en 1796. Eso produjo fiebre y malestar por un día, pero nada más. A diferencia de la variolación tradicional, que generaba trastornos por varios dias (y muchas veces la muerte), aquí no había efectos mayores.

[box type=”bio”] Jenner llamó a su método vaccinia, por variola vaccinae, o sea la viruela de las vacas de donde sacó la idea. Además, había demostrado que la vaccinia podía procedir directamente de humanos, no necesariamente del ganado. Acababa de nacer la primer vacuna. Vacuna, de vaca.[/box]

El éxito fue monumental. Las personas inyectadas no corrían peligro, y quedaban protegidas contra la temible viruela. La eficacia llegó al 95%, el resto sufría una leve forma de viruela inocua. Inevitablemente surgió un grupo en contra de la vacunación, pero la eficacia era tan extraordinaria que ninguna persona que aún recordase el horror anterior dejó de inmunizar a sus hijos.

vacunacionA partir de aquí, los estados declararon la vacunación obligatoria, y el espanto que había matado a niños por millones comenzó a desaparecer. Lo mejor, que a partir del descubrimiento de Jenner, pronto surgieron vacunas contra muchas viejas maldiciones más: el tifus, la rabia, la difteria, la tos ferina, la rubeola.

Pero hubo otro héroe más en la historia: el viceministro de sanidad soviético, Viktor Zhdanov. En 1958 el doctor Zhdanov fue a la 11ª asamble de la Organización Mundial de la Salud con una idea enorme. Erradicar del planeta los restos de viruela. Y presentó un plan muy sofisticado. Recordemos que como ministro de sanidad del país de mayor extensión del globo, estaba acostumbrado a pensar a lo grande. Y también apoyó su propuesta con algo más; un equipo de más de mil médicos y las primeras 25 millones de dosis.

El resultado fue que el brote epidémico de 1974 en la India fue el último sufrido por la humanidad. Allí mismo fueron a vacunar, sin dejar a nadie fuera. Y nunca más. Se acabó. La viruela fue erradicada de la faz de la Tierra.

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